EL FIN DE UNA FE.
Las personas utilizan la palabra “fe” de diferentes maneras, como una especie de identidad institucional; “Soy protestante”, “Soy católico”, “Soy musulmán”, “Soy Judío”; que va de la mano con una supuesta fe teológica, la convicción de que lo que creen es lo correcto; “Por cuanto soy protestante, creo esto”, “Por cuanto soy católico, creo esto”. Designan a sus creencias como una especie de identidad glorificada, se automotivan a defender sus convicciones ante los contrarios y con ello se validan emocionalmente y se felicitan por estar en el camino correcto. Esta visión de la fe está circunscrita lamentablemente a la institución, a lo que de manera genérica los creyentes llaman “iglesia”. “Mi iglesia”, “Tu iglesia”. “Mi denominación, mi culto, mi rito” etc.
Pues bien, esa “fe” es la mas irrelevante en tiempos de dificultad, y ha quedado más que claro que en medio de esta crisis, la fe que emerge, es un simple asentimiento sencillo de que, “por cuanto hay un Dios, creo que todo estará bien, pues él es bueno”.
Si esa fe dominara a los creyentes de toda religión, si ese abrazo sencillo de ideales y valores supremos que se alinean al amor y la filiación entre individuos caracterizara a los religiosos y persistiera después de esta crisis, sería el fin de las instituciones religiosas como las conocemos. ¿cual sería la necesidad de su existencia? Si la recriminación de Dios hacia sus hijos es “haber dejado el primer amor”, pues yo no he visto mas amor y sencillez que el que están demostrando algunos religiosos gracias a esta pandemia. Lo cual nos dice que los hombres con esa fe introspectiva y verdadera por lo general se forman en la realidad, en la cotidianidad, en la vicisitud, en la lucha y no en los templos.
La fe verdadera no muere, muta, se adapta, crece, y continua a pesar de las dificultades. Las instituciones religiosas con sus suntuosidades, apariencias, trajes, ornamentos, edificios y posesiones mueren.
Si a la gente le causa tristeza ver esos templos cerrados, vácios y llenos de polvo, es porque su fe es tan dependiente del símbolo, está apegada a la institución, depende del rito, no subsiste sin las lineas. Bien le haría a tu fe morir y si crees en algo trascendente, vincularla a ello a través de esa recomendación sencilla: “Amaos los unos a los otros” porque toda fe verdadera se demuestra en esto: “Ama a dios y a tu prójimo”, fin.