¿Conoces a Dios?

La teología catafática en occidente ha echado raíces profundas, todo mundo se acerca a un Dios lógico, a una abstracción filosófica de conjeturas matemáticas perfectas que pueden ser degustadas con la razón.

Los intrincados teoremas y silogismos lógicos que se esgrimen a favor de sus atributos revelados y manifestaciones en el mundo, han hecho que teólogos y filósofos se eleven racionalmente y sientan que no hay otra forma de acercarse al eterno mas que por las conclusiones deductivas que de Él crean.

Pero luego está la otra visión, la olvidada en occidente, la apofática, la “negativa”, la introspectiva, mística, que se aproxima desde el silencio y quietud del alma a lo inaccesible; a través del ayuno y la mortificación de la carne, de esas “tres vías” que utilizaron los cristianos del desierto, (vía purgativa, iluminativa y unitiva) Esa que volvieron a descubrir los pentecostales el siglo pasado, Un estado de exultación que no se acepta como subjetivo, que parece otorgar un conocimiento místico de quienes somos. Un sentimiento que parece ser una sensación de “eternidad”; un sentimiento de “algo” sin límites, sin barreras, por así decir “oceánico” que te disuelve, que domina esas partes subconscientes del intelecto, un conocimiento de saberse criatura y saberse deudor. Los hinduistas le llaman “Nirvana”, es el “Satorí” budista, la “Catarsis” aristotélica; la “Tehosis” de los cristianos ortodoxos, el “Erleuchtung” alemán, y por supuesto hasta ese “bautismo” espiritual y poderoso del que hablan los pentecostales vendría a forma parte de estas experiencias donde la razón y la emoción se amalgaman a un nivel tan íntimo que crean elevados estados de conciencia que posteriormente desemboca en la experiencia religiosa continua. Es la unión con Dios, la divinización de la materia y la desaparición del pecado. Es la Experiencia con mayúscula.

Romand Rollan decía que, nadie debería llamarse religioso ni secuestrar la palabra para fines institucionales si no se ha experimentado algo parecido a lo descrito arriba, simplemente no hay disciplina que otorgue acceso a esa experiencia a la que Fana llamaba “ser aniquilados en Dios”. Es el “santo terror” el “misterio fascinante” aquel que Rudolf Otto acuñó con el término “numinoso” para describir aquella experiencia que no se puede poner en palabras, que no puede ser explicada por la razón porque no es lógica, racional, lineal, como si de irse de viaje a New York se tratase. No, es algo misterioso y no racional que queda por fuera de la propia identidad, es intuitivo, espiritual, lo que R.C. Sproul por su parte en su libro “La santidad de Dios”, llama “misterio temible” ese contacto del individuo con lo sagrado, con lo trascendente, con lo “otro”. Debe ser en demasía complicado poner en palabras estás abstracciones que por definición han de ser inefables.

Sea cual fuere el caso, la experiencia parece constituirse por cuatro características. A saber, 1. Es inefable, es decir, no es posible ser explicada con palabras. 2. Es Noética, es decir, sientes que aprendiste algo, sin saber cómo explicarlo, pero el aprendizaje te transforma. 3. Es Transitoria. La experiencia se constituye fugaz, temporal y limitada. 4. Es Pasiva. El individuo siente que alguien lo posee, lo domina, lo somete sin que él sea capaz de contraria dicha fuerza. Antes de criticar a los pentecostales, detente y piensa, ¿no será que en verdad conocen a Dios y yo no?

Published by ElDiosDelNorte

Un mensajero de Orvonton me susurra pendejadas al oído.

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