Dios mío, vuélveme a la inocencia.

Si me lo permites, no creo que exista un político inocente u honesto, y si lo existiere, me cuesta trabajo creerlo, estoy predispuesto a creer por la experiencia que esos tipos son unos canallas buenos para nada que al puro estilo maquiavélico destazan a las ovejas en sus fauces sin que les importe un comino. Probablemente estoy equivocado, quisiera estarlo, pero eso es parte de PERDER LA INOCENCIA, es triste perder la inocencia y entender que es un proceso IRREVERSIBLE, porque perder la inocencia implica interactuar con el mal, y el mal, te da un conocimiento fenomenológico de la realidad, lo que la ilustración consumó con la MUERTE DE DIOS; algo que adherido a la personalidad la destruye lentamente, la enfría y la aletarga. Jesús dijo que al multiplicarse la maldad, EL AMOR DE MUCHOS SE ENFRIARÍA. Yo lo he vivido en carne propia, pasé de ver la muerte de algún individuo en los periódicos como algo grotesco y tétrico a interactuar con miles de muertes e imágenes dantescas como algo natural cuando el narco destruyó nuestro modo de vivir. Tanto me acostumbré a ello que sin percatarlo me di cuenta que ya formaba parte de mi idiosincrasia, de mi cultura, incluso empezamos a llamarlo narcocultura, porque se había mimetizado en cada hueco de nuestras vicisitudes. De hecho, es un fenómeno tan natural el ver fotos o videos de cuerpos desmembrados o colgados de puentes, que la prensa no ha hecho mas que capitalizarlo, y sacar dinero del morbo, de la maldad abyecta, del cuerpo destrozado por las balas y el coraje bestial que domina a dichos individuos.

Si bien aquello pudiera entenderse desde un sentido teleológico y escatológico como algo que ha de acontecer y es inevitable, también es una excelente justificación para acercarse a la iglesia, al recinto sagrado que guarda el elemento espiritual de la paz y contrasta con dicha maldad. Claro, hasta que en algún momento te toque saber que la maldad impregna todo, entonces la cosa se torna más triste cuando la inocencia se pierde en el mundo religioso, cuando convives también con la realidad del sacerdote pedófilo que llevaba años violando niños, matándolos o sepultándolos bajo esos mismos recintos sagrados sin que nadie le hiciese nada, o el pastor opulento que finca su pequeño castillo con la sangre y la carne de sus feligreses; o el déspota y egoísta líder que pisa, aplasta, escupe y destruye a quien esté en su camino para llegar al poder. Cuando la mano que debía guiarte termino destruyéndote, entonces entras a esa crisis existencial, la duda que lo opaca todo, la suciedad que turba el alma y oscurece el entendimiento, ¿a donde iré? ¿existe realmente tal cosa como una buena iglesia? No es para menos que muchos se aparten de la religión manteniendo aún un pabilo humeante que desea a Dios pero no lo encuentra.

Sin duda alguna lo peor que me pudo pasar fue perder la inocencia cristiana; dejé de confiar en instituciones corruptas, injustas, pedófilas, abusivas y destructivas, pero ya no me quedaron fuerzas para confiar en las buenas y honestas porque perdí el interés y la inocencia de creer que existen instituciones buenas. De hecho, interactuar con ellas y ser partícipe de su vorágine insaciable de pecado me llevó a mi mismo a ser igual, a ser un pastor igual, corrupto, mentiroso, falso, destructivo y nocivo. Lo más terrible de todo es que es fácil ocultarlo, he ahí el grado de maldad de ello, porque TENER APARIENCIA DE PIEDAD sin tener piedad, es querer tomar a Dios por torpe y a su pueblo por basura. ¿Lo ves? La maldad es así, es como una pequeña sabandija que va succionando lentamente la bondad. Ahora entiendo que con ello no existen los términos medios, que cuando se detecta dicha maldad es mejor cortarla de tajo, ¡Corta la mano, sácate el ojo! dijo Jesús, que aunque el texto no es literal, EL DOLOR ES LITERAL! y es la catarsis que te puede ayudar a seguir vivo, la depuración radical del mundo falso y el que deseas.

¿Qué impide que un pastor renuncie a su opulencia y prestigio mal ganado a base de aplastar a los otros? Su ego, su narcisismo, su encanto construido con maldad. ¿Qué impide que un sacerdote pedófilo abandone la religión y se arrepienta? Su habituada maldad que ya no tiene saciedad. ¿Por qué no acepta el pastor que hereda la iglesia a su hijo que lo único que le interesa es el dinero? porque siempre habrá una manera de ocultar esa basura, de justificarla, de aprobarla y decantarla como necesaria.

A veces lloro y sufro, en verdad a veces siento que volver al cristianismo me hace tan infeliz, porque no puedo confiar ni creer en utopías sacrosantas de denominaciones corruptas; y entonces pido a Dios una permuta, aunque sea parcial de mi identidad para tener la inocencia de creer que el mundo no es un fondo negro con manchas blancas, sino un fondo blanco con pequeñas manchas negras. Me gustaría haber tenido el valor de abandonarlo todo cuando era el momento, que importa que hubiese perdido todo, al final lo perdí, pero hubiese conservado mi inocencia, pero abandoné todo demasiado tarde.

Ahora siento que me arrancaron una parte que es indispensable para seguir a mi Dios y no tengo, porque si el reino de los cielos es de los que se hacen como niños, a mi me arrebataron mi niñez las tropelías “sagradas”, las llagas putrefactas y olorosas del pecado y la maldad, no creo que Dios esté en esas instituciones que militan con bandera de sacrosantas, saberlo y entenderlo me genera malestar, tristeza, agonía. A veces esa maldad que probé palpita como un león hambriento por devorar. Si la inocencia me asistiera, podría resistir la prueba y la tribulación, pero ahora la maldad me hace consciente de que esa tribulación muchas veces es provocada de manera injusta por los injustos de manera deliberada y entonces aparece el bello justificante para combatirla:

“La cobarde creencia de que una persona debe permanecer inmóvil en un lugar siendo fiel a lo mismo aun cuando la bota esté asfixiando su cuello y matándolo lentamente solo la toleran los cobardes o esclavos, que aquello no es sino la resignación incondicional de los animales, bestias de carga estupefactas por la servidumbre que se les impone y que, sin embargo, siempre están dispuestas a aceptar el golpe del amo e ir a donde quiera que este las lleve. Hay límites para cada cosa y leyes para todo lo que existe, hay quienes ven la rebelión como un proceso natural y cíclico que debe darse de tiempo en tiempo y hay otros que aceptan resignados que la única forma de prosperar es lamiendo la bota que los aplasta. ¿Dejarás otra vez que la bota te aplaste?”

Tengo un consejo, aunque estará circunscrito al contexto de cada quién, porque así como Adán no pudo regresar al huerto una vez que probo del árbol del conocimiento del mal, así muchos no podremos (a menos que Dios lo quiera) retornar a ese estado de inocencia que alguna vez tuvimos. Aún así, aquí está: Si algún día en una iglesia te lastiman, VETE DE AHÍ. Si algún día alguien te pisotean y so pretexto de que debes perdonar te hacen consumir el infierno por la fuerza, PERDONA Y NO VUELVAS. Mantener esta balanza equilibrada te ayudará a no llegar a un punto de inflexión IRREVERSIBLE. Cuando el mal toque a tu puerta, RECHAZALO, SE FIEL. Si aquellos que te rodean envenenan tu alma por ser trúhanes y burlones, ¡HUYE! Si en verdad quieres seguir a Jesús, debes como dice Pedro: Desechar pues, toda maliciatodo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, y desear, como niños la leche espiritual.

Dios fue muy bueno al volverme a él y despertarme de ese sueño estúpido, vanidoso, y egocéntrico en el que estaba. Con todo, mi inocencia está totalmente destruida. Dios me conceda en algún momento la alegría de volver a nacer del polvo para serle fiel, por lo pronto, LARGO CAMINO ME QUEDA. Dios me ayude y te ayude a ti también.


UNA BESTIA DIVINOHUMANA




No me mal entiendas, el amor, la bondad, la paciencia y la empatía, así como el asco, la culpa y el miedo, han sido centrales en el proceso civilizatorio de occidente, no se puede entender la dinámica vivencial de occidente a menos que entendamos que estamos atravesados por dichos tópicos, lo cual ha dado forma a nuestro campo fenomenológico, es decir, nuestra actitud hacía la vida y los individuos se fragua en consonancia a la interpretación de dichas ideas. Por lo que, restarles valor, releerlas o ser indiferentes a ellas, puede traer como resultado seamos conscientes o no, malestar cultural, tedio y fricción. Imaginemos por un momento que nuestra sociedad especializara su vida social en torno al asco, es decir, que el asco determinara y condicionara sin objetividad ni contrapeso nuestras relaciones, que sin más explicación, se nos impusiera la idea del asco como base para nuestro diario vivir: asco a la comida, asco al vecino, asco a la religión, asco a nuestros padres, etc., aquello simplemente nos llevaría al fracaso. Aunque el ejemplo es burdo y hasta estúpido, sirve para ilustrar lo que a continuación diré

Hace unos días, escuchaba un sermón de un famoso predicador argentino muy elocuente, que hablaba sobre el amor, todo bien, hasta que me percaté que el uso que hacía de la palabra “AMOR” era similar al uso que acabo de hacer de la palabra “ASCO”, es decir, elevada a un nivel superlativo, sin contrapeso y descoyuntada de contexto, dicha palabra puede ser igual de funesta que cualquier otra, y tomada como base para desarrollar la relación entre dos o mas individuos, puede traer funestas consecuencias. Pensemos que el slogan que los gays usaron el día que el matrimonio homosexual se legalizó en todo el territorio de EEUU fue precisamente “LoveWins”, y pensemos que esa misma palabra, “Love” es la que usamos para referirnos a la naturaleza divina. En ese sentido, hay una tensión que se debe reconciliar o aclarar. Una palabra que evoca todo lo bueno para el hombre, puede ser usada también para evocar todo un movimiento de degradación moral. No obstante, el AMOR, es hoy un látigo abstracto e inentendible que determina el rumbo de la religión occidental de manera absoluta.

Hace unos días, mientras posteaba contra unos camarones enfermos que intentan redefinir el lenguaje, uno de estos cristianos integristas vino a mi muro utilizando la palabra amor para justificar su pensamiento y fustigar al mío, ¿lo ves?

Existe una compasión que es enfermiza, que destruye o diluye la parte animal que subyace en el hombre, que se adhiere a nuestra personalidad cual parasito y se alimenta de ella, que carcome los ligamentos que crean la tensión necesaria para vivir, que ruñe y destruye a su huésped para erguirse el mismo sobre su cadáver. Es la toxoplasmosis humana, que suprime el instinto de supervivencia y voluntad de poder y nos torna dóciles, femeninos, cobardes y tiernos y justifica todo ello so pretexto de que hacia allá nos conduce siempre el “AMOR”.

Pensemos por ejemplo en la sobre protección de los padres que, al intentar aliviar pequeños sufrimientos presentes en sus hijos, los vuelven débiles para sufrimientos mayores en el futuro. Y aunque pareciera que la compasión y el amor están en boga (LoveWins) o son sentenciadas el día de hoy como expresión de un mundo mejor, la realidad es que sin un contrapeso que limite su expresión anula aquella propensidad bestial que le dio y le ha dado forma a nuestro mundo. Para Nietzsche el culpable de todo esto ha sido el cristianismo, que elevó a virtud prácticas que en la naturaleza son aberrantes y que so pretexto de un “más allá” sentenció como buenas. Nietzsche diría que el león no pide permiso para destazar a la gacela bajo sus fauces y que mejor aún, no siente remordimiento de hacerlo, sino que, el león, vive para y por su instinto básico de poder, de dominio, y en el sentido básico de adaptación está superando con creces la adversidad que la cruel naturaleza le impone. Y es que, de los crueles decimos que están más cerca de las bestias que de lo humano, cuando todo confirma que en la bestia la agresividad nunca es un objeto sádico de satisfacción en sí mismo, sino solo un medio de supervivencia. Los instintos animales en el hombre no son MALOS PERSE sino NATURALES y cuando están bien dirigidos, le dan forma al mundo que se desea, como lo hizo el estereotipo del hombre clásico, estoico, dominado por la “virtus” que palpitaba en conjunción con lo divino.

En ese sentido como mencionaba el famoso filosofo ruso Soloviev, “Puedes leer a Nietzsche como un anticristiano, o lo puedes leer como un profeta”. Nunca tuvo más razón Nietzsche que cuando dijo que El hombre ha sido embrutecido, desbestializado, desanimalizado, domesticado, domado y gregarizado por la historia occidental. Si cada domingo vamos a la iglesia a aprender como besar, abrazar y ceder el terreno a nuestros rivales, no deberíamos quejarnos del mundo que ellos construyen.

Sé que algunos dirán (de forma anacrónica y limitada) que ese fue siempre el plan de Jesús, pero ignoran que Jesús fundó una iglesia y que dicha iglesia ANCLADA A LA SOCIEDAD, no solo vino como un movimiento espiritual, sino como UN NUEVO ORDEN DE SOCIEDAD HUMANA, y en ese sentido, ha de adoptar una postura ante aquello que le resta valor o compite contra ella. Es hasta hace muy poco que la iglesia tomo una actitud neutral ante sus adversarios, por lo que, se extraña a la iglesia que nunca tuvo miedo de decir: “Deus Vult”, Dios lo quiere, que llore quien tenga que llorar, que caiga quien tenga que caer, la voluntad del poderoso es crear un mundo conforme el mismo lo vislumbra, y esa justamente es la tesis de Soloviev que resucitó el cristianismo ruso haciendo aquella lectura atípica de Nietzsche y quien decía: “Lean a Cristo y a uno de sus últimos profetas, Nietzsche”. Es en Nietzsche donde se encuentra el antídoto para el hombre afeminado y dócil, se encuentra el antídoto para el hombre neutral e indiferente. Hablemos del Divino-Hombre, que conjuga su parte bestial, natural, arrojada y valiente con la conjunción natural de honra y dedicación que palpita en lo divino

La tendencia autoindulgente de nuestra generación, que alaba de manera superlativa a ese amor y compasión enfermiza, sentenciada por las religiones como buena no es mas que una máxima de aplicación moderna y subjetiva, puesto que las mismas religiones impulsaron a sus hombres a la guerra so pretexto del mandato divino, so pretexto del honor, con la intención clara de expandir el dominio de sus dioses y hacer prosélitos entre las mas lejanas tierras, porque esto era bueno, era deseable, era lo mejor, como decía Nietzsche:

“¡Felices tiempos aquellos del pasado remoto en que un pueblo se decía a sí mismo: “¡Yo quiero ser el amo de otros pueblos! Y es que, hermanos, lo mejor debe dominar y es natural que lo mejor quiera también dominar. Y allí donde se enseñe otra cosa es porque falta lo mejor”.


En palabras de Hobbes:

“El derecho natural, lo que los escritores llaman comúnmente “ius naturale” es la libertad que cada hombre tiene de usar su propio poder como quiera, para la conservación de su propia naturaleza, es decir, de su propia vida y, por consiguiente, para hacer todo aquello que su propio juicio y razón considere como los medios más aptos para lograr ese fin”.

El hombre que se permite a sí mismo ser dirigido y dominado por los insolentes principios morales de las multitudes degradadas moralmente, es como un águila con las alas cortadas y garras rotas, así que, un cristiano también debe tomar una postura radical para estos tiempos, o besamos la mano de quien nos destruye y justificamos aquello con la palabra AMOR, o creamos y peleamos por el mundo que queremos aunque nos etiqueten de ODIOSOS.

VIRGINIDAD, ABSTINENCIA Y LOCURA SEXUAL

Las categorías culturales de Unwin

Unwin describe cuatro grandes “modelos de cultura humana” y distintos grados de desarrollo, en función de su arte, arquitectura, ingeniería, literatura, agricultura y demás. El criterio principal para clasificarlos era cómo se relacionaban con el mundo natural y las distintas fuerzas de la naturaleza [3].

1 . Zoísta: completamente centrado en la vida cotidiana, en sus necesidades y deseos, sin ningún interés por comprender la naturaleza. Se describe como “cultura muerta” o “cultura inerte”.

2. Monista: adquiere creencias supersticiosas y/o un trato especial de los muertos para hacer frente al mundo natural.

3. Deísta: atribuye las fuerzas de la naturaleza a un dios o grupo de dioses.

4. Racionalista: se sirve del pensamiento racional para comprender el mundo natural y tomar decisiones diarias.

Grados de restricción sexual según Unwin

Los grados de restricción sexual se dividen en dos categorías principales – prenupcial y post-nupcial [4].

Las categorías prenupciales son:

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1. Libertad sexual total – no hay ningún tipo de restricción prenupcial.

2. Restricción ocasional o irregular – la norma social exigiría ciertos periodos de abstinencia.

3. Castidad estricta – consiste en permanecer virgen hasta el matrimonio.

Las categorías post-nupciales son [5]:

1. Monogamia modificada – sólo un matrimonio a la vez; ambas partes pueden darlo por terminado.

2. Poligamia modificada – los hombres pueden tener más de una mujer, y la esposa es libre de abandonar a su marido.

3. Monogamia absoluta – sólo se permite un cónyuge en la vida (o hasta la muerte, según algunas culturas).

4. Poligamia absoluta – los hombres pueden tener más de una esposa, pero las mujeres deben “limitar su sexualidad [su actividad sexual] a su marido por el resto de sus vidas”.

¿Qué encontró Unwin?

He preparado una selección de citas de su libro que resume sus hallazgos y que ocupa unas 26 páginas. No obstante, aún con eso, no seríamos capaces de apreciar el rigor de sus investigaciones y los reveladores detalles provenientes de las 86 culturas que forman parte del estudio. He aquí algunos de sus hallazgos más significativos:

1. Efectos de la restricción sexual: los altos grados de restricción sexual, ya sea prenupcial o post-nupcial, siempre conducen a un florecimiento cultural. Inversamente, la libertad sexual conduce al colapso de la cultura en el plazo de tres generaciones.

2. El factor único más influyente: sorprendentemente, los datos revelaron que el único factor que guarda una importante correlación directa con el desarrollo cultural es la existencia o no de castidad prenupcial. En ambos casos, el efecto es muy significativo.

3. Alto desarrollo cultural: la combinación más potente era la formada por castidad prenupcial y monogamia absoluta. Las culturas racionalistas que mantuvieron esta combinación por el plazo de, al menos, tres generaciones, eran claramente superiores al resto en todo, incluyendo literatura, arte, ciencia, arquitectura, ingeniería y agricultura. Sólo tres de las ochenta y seis culturas estudiadas lograron ese nivel de desarrollo.

4. Efectos adversos del abandono de la castidad prenupcial: Cuando la castidad prenupcial no era la norma, también desaparecían, en el plazo de tres generaciones, la monogamia absoluta, el deísmo y el pensamiento racional.

5. Libertad sexual total: si una cultura acepta la libertad sexual total, dicha cultura colapsa en el plazo de tres generaciones, llegando a su nivel más bajo de desarrollo – lo que Unwin define como “inerte” y un “nivel de concepción mortal”, que se caracteriza por gente que tiene escaso interés por nada que no sea sus propias necesidades y deseos. En este nivel, la cultura es conquistada o sucumbe ante otra cultura invasora con mayor energía social.

6. Lapso temporal: si hay un cambio en las restricciones sexuales, sea desde un punto de vista restrictivo como permisivo, sus efectos no serán visibles hasta la tercera generación. [Nota: he añadido un nota al final de este artículo; véase n. 13].

¿Qué aplicación tiene esto en nuestra cultura actual?

Unwin publicó sus hallazgos en 1963, antes de que la revolución sexual tuviese lugar en Occidente. Ahora tenemos la oportunidad de poner a prueba sus conclusiones comprobando si nuestra cultura sigue el patrón que él predijo. La “generación” de Unwin tenía aproximadamente 33 años, por lo que habría que esperar unos cien años para poder notar todos los efectos. No obstante, el proceso está muy avanzado por lo que ya podemos observar algunos de los efectos predichos.

Antes de la revolución sexual, que comenzó en los años sesenta, la cultura occidental observaba con celo la castidad prenupcial. Pero, a principios de los setenta, el sexo prematrimonial se volvió progresivamente aceptable. En los primeros años del siglo XXI, la mayoría de adolescentes eran sexualmente activos, hasta el punto que la virginidad prematrimonial resultaba algo extraño, si no ridículo. Al mismo tiempo, nuestra cultura caminó desde la monogamia absoluta hacia la monogamia modificada.

Las predicciones de Unwin sobre nuestra cultura

Gracias a las generaciones racionales que la precedieron, la primera generación de una sociedad que decide abandonar sus restricciones sexuales puede disfrutar de su recién adquirida libertad antes de que se manifieste el declive cultural. No obstante, los datos nos muestran que esta fase de “tener una tarta y comérsela” dura, como máximo, una generación, antes de que se ponga en marcha su declive. Unwin escribió:

La historia de estas sociedades consiste en una serie de monótonas repeticiones; y resulta difícil decidir qué aspecto es más importante: la lamentable falta de pensamiento original que, en cada caso, muestran los reformistas, o la sorprendente rapidez con la que, tras un estricto periodo de continencia (restricción sexual), el organismo humano se sirve de la primera oportunidad que tiene para satisfacer sus deseos innatos, de una forma directa o pervertida. A veces, se ha oído a hombres decir que les gustaría disfrutar de las ventajas de una cultura floreciente y, al mismo tiempo, abolir las restricciones sexuales. Sin embargo, la naturaleza inherente al ser humano parece sugerir que estos deseos son incompatibles, incluso contradictorios. Los reformistas podrían compararse a ese niño tonto que desea conservar su tarta y, a la vez, comérsela. Toda sociedad humana es libre de elegir si desea tener una gran energía o disfrutar de su libertad sexual; lo que es evidente, es que no puede disfrutar de ambas durante más de una generación [6].

Echando un vistazo a nuestra sociedad contemporánea, tras la revolución sexual, podríamos decir que esta fase de “tener la tarta y comérsela” ha durado hasta principios de los años 2000. Ahora estamos en ese punto en que podremos desmentir o verificar las predicciones de Unwin.

Unwin descubrió que cuando se abandona la castidad prenupcial, la monogamia absoluta, el deísmo y el pensamiento racional tienden a desaparecer en tres generaciones desde la introducción del cambio en la libertad sexual. Así pues, ¿qué sucederá ahora que entramos en la segunda generación desde la revolución sexual que tuvo lugar en el siglo XX?

1. Como se predijo, la monogamia absoluta se ha reemplazado por la monogamia modificada. Las parejas de hecho se han convertido en la norma. A pesar de que el divorcio es anterior a los años 70, la corriente dominante de nuestra cultura seguía manteniendo el punto de vista según el cual el matrimonio era para toda la vida, y se veía a las parejas de hecho con cierto desagrado. Esto, claramente, ha cambiado. Quienes están comprometidos con proyectos matrimoniales para toda la vida son una minoría, siendo habitual que quienes formen estas parejas sean personas nacidas antes de la revolución sexual.

2. El deísmo está en declive, tal y como se predijo. Antes de 1960, el racionalismo, combinado con creencias religiosas, era lo más habitual en la cultura occidental. No sólo ha habido una disminución del porcentaje de creyentes a partir de los años 60, sino que se ha intentado eliminar el concepto de “Dios” de los ambientes gubernamentales, escolares y públicos. Los que creen en Dios son presionados para que mantengan sus creencias en privado. En su lugar, está teniendo lugar un sorprendente florecimiento de las supersticiones [7], clasificadas por Unwin como “cultura monista”, que es dos niveles inferior a la “cultura racionalista” que teníamos antes de la revolución sexual. También ha habido un incremento en el porcentaje de gente que se identifica como no religiosa, síntoma del nivel ínfimo de los definidos por Unwin, el nivel “zoísta” [8].

3. Después de 1970, el pensamiento racional ha sufrido un declive asombroso. En su lugar, se ha instalado el posmodernismo, caracterizado por “el escepticismo, la subjetividad y el relativismo” y “una sospecha generalizada de la razón” [9]. Pero se pone peor. El posmodernismo está dando lugar a la posverdad. En oposición directa con el pensamiento racional, la cultura de la posverdad abandona “los estándares comunes y objetivos de la verdad” y, en su lugar, revaloriza los sentimientos y emociones que uno cree como verdaderos [10]. Ahora la gente puede “identificarse” como algo que contradice la naturaleza y la razón y, en muchos casos, recibirán el apoyo de los gobiernos y del sistema educativo. No sólo es que la gente tenga derecho a creer en lo que quiera, sino que cualquier desafío a esa creencia, aunque esté refrendada por la ciencia y la lógica, es inaceptable y ofensiva. He aquí una cita de Unwin que resulta muy adecuada en relación a las dos últimas décadas de la revolución sexual:

Si me pidiesen definir a un sofista, lo describiría como un hombre cuyas conclusiones no se extraen de sus premisas. El sofismo solo pueden apreciarlo aquellos cuya entropía humana está desapareciendo; lo confunden con un razonamiento sólido. Florece en aquellos que han conseguido su libertad sexual tras un periodo de intensa continencia obligatoria [11].

Resumen de la hoja de ruta de nuestra cultura, según las investigaciones de Unwin

En la primera mitad del siglo XX, la cultura occidental era racionalista y experimentó grandes avances tecnológicos – desde la era antes del automóvil a los coches; de los globos aerostáticos a los aviones supersónicos y las naves espaciales; de las reglas de cálculo a los ordenadores. Las tres predicciones fundamentales de Unwin – el abandono del racionalismo, el deísmo y la monogamia absoluta – están cumpliéndose, lo que hace factible que tenga lugar su predicción última: el colapso de la civilización occidental en su tercera generación, en algún momento a lo largo de este siglo.

¿Podría nuestra cultura ser la excepción?

Supongo que podríamos albergar esa esperanza, aunque siempre existe esa tendencia a creer que “eso no puede pasarnos a nosotros”. Unwin describe esta actitud como “egocentrismo asumible” y “doctrina cómoda” que huye ante la realidad de los datos, que indican lo inexorable de este declive. Es otra forma de decir que “la estupidez está repitiendo las mismas acciones, pero esperando resultados distintos”. Las primeras predicciones se han cumplido con alarmante celeridad.

¿Por qué se da esta correlación tan ajustada e inversa?

El antiguo lema “correlación no implica causalidad”, también podría aplicarse aquí. Unwin señala que no sabe por qué la libertad sexual conlleva el declive cultural y el colapso de la civilización, aunque sugiere que cuando la energía sexual se restringe mediante el celibato o la monogamia, se convierte en energía social productiva.

Tal vez, aunque me cuesta aceptarlo como su causa principal. Un estudio reciente de Mary Eberstad sobre asesinatos en masa, el aumento significativo de los problemas mentales incluyendo la depresión y la explosión de la política identitaria es un “grito primario” debido a la perdida de identidad que antes daba un entorno familiar estable, en una familia con hermanos y un número considerable de primos, tíos y tías que proporcionaban la identidad, esencial para el bienestar de la persona. Eberstadt demuestra y documenta, a través de varios estudios, que la decadencia de la familia ha sido consecuencia directa de la revolución sexual acaecida a finales del siglo XX [12].

Sus investigaciones indican que la libertad sexual contribuyó al declive de la familia, lo que resultó en una pérdida de la identidad familiar y origina lo que Eberstadt llama “gritos primarios”– un incremento masivo de las enfermedades mentales, asesinatos en masa y el auge de grupos extremistas y violentos, en lucha entre ellos. Todos síntomas de una sociedad en clara decadencia. Esto parece tener más sentido que la explicación psicológica de Unwin, aunque ambas teorías tienen mucho en común, según los datos aportados por Eberstadt.

Tanto Unwin como Eberstadt demuestran que una revolución sexual, a largo plazo, tiene efectos devastadores sobre la cultura y la civilización. Como dijo Unwin: “La historia de estas sociedades consiste en una serie de monótonas repeticiones”, y parece que nuestra civilización sigue el mismo camino trillado y se dirige al colapso.

Vuelta al pensamiento filosófico

Volvamos a aquella tarde en el seminario de filosofía, cuando se me ocurrió que algunas leyes morales parecen limitar el placer humano a corto plazo, pero previenen un sufrimiento mayor o maximizan la felicidad y la plenitud a largo plazo. Durante años he pensado que, tal vez, las leyes de Dios no sean simples normas arbitrarias impuestas para coartar la libertad del hombre y que, por el contrario, son instrucciones para que el ser humano no sufra y, al mismo tiempo, se desarrolle en plenitud. Las investigaciones de Unwin y Eberstadt otorgan una importante justificación racional a las leyes impuestas por Dios en materia de sexualidad, a pesar de que estas normas puedan frenarnos de un placer inmediato, protegiéndonos de sufrimientos a largo plazo a la vez que maximizan nuestro desarrollo a largo plazo.

Tomado de: https://gloria.tv/post/7cXyvJKQXp911CQH1hNfhSc3E

¿Conoces a Dios?

La teología catafática en occidente ha echado raíces profundas, todo mundo se acerca a un Dios lógico, a una abstracción filosófica de conjeturas matemáticas perfectas que pueden ser degustadas con la razón.

Los intrincados teoremas y silogismos lógicos que se esgrimen a favor de sus atributos revelados y manifestaciones en el mundo, han hecho que teólogos y filósofos se eleven racionalmente y sientan que no hay otra forma de acercarse al eterno mas que por las conclusiones deductivas que de Él crean.

Pero luego está la otra visión, la olvidada en occidente, la apofática, la “negativa”, la introspectiva, mística, que se aproxima desde el silencio y quietud del alma a lo inaccesible; a través del ayuno y la mortificación de la carne, de esas “tres vías” que utilizaron los cristianos del desierto, (vía purgativa, iluminativa y unitiva) Esa que volvieron a descubrir los pentecostales el siglo pasado, Un estado de exultación que no se acepta como subjetivo, que parece otorgar un conocimiento místico de quienes somos. Un sentimiento que parece ser una sensación de “eternidad”; un sentimiento de “algo” sin límites, sin barreras, por así decir “oceánico” que te disuelve, que domina esas partes subconscientes del intelecto, un conocimiento de saberse criatura y saberse deudor. Los hinduistas le llaman “Nirvana”, es el “Satorí” budista, la “Catarsis” aristotélica; la “Tehosis” de los cristianos ortodoxos, el “Erleuchtung” alemán, y por supuesto hasta ese “bautismo” espiritual y poderoso del que hablan los pentecostales vendría a forma parte de estas experiencias donde la razón y la emoción se amalgaman a un nivel tan íntimo que crean elevados estados de conciencia que posteriormente desemboca en la experiencia religiosa continua. Es la unión con Dios, la divinización de la materia y la desaparición del pecado. Es la Experiencia con mayúscula.

Romand Rollan decía que, nadie debería llamarse religioso ni secuestrar la palabra para fines institucionales si no se ha experimentado algo parecido a lo descrito arriba, simplemente no hay disciplina que otorgue acceso a esa experiencia a la que Fana llamaba “ser aniquilados en Dios”. Es el “santo terror” el “misterio fascinante” aquel que Rudolf Otto acuñó con el término “numinoso” para describir aquella experiencia que no se puede poner en palabras, que no puede ser explicada por la razón porque no es lógica, racional, lineal, como si de irse de viaje a New York se tratase. No, es algo misterioso y no racional que queda por fuera de la propia identidad, es intuitivo, espiritual, lo que R.C. Sproul por su parte en su libro “La santidad de Dios”, llama “misterio temible” ese contacto del individuo con lo sagrado, con lo trascendente, con lo “otro”. Debe ser en demasía complicado poner en palabras estás abstracciones que por definición han de ser inefables.

Sea cual fuere el caso, la experiencia parece constituirse por cuatro características. A saber, 1. Es inefable, es decir, no es posible ser explicada con palabras. 2. Es Noética, es decir, sientes que aprendiste algo, sin saber cómo explicarlo, pero el aprendizaje te transforma. 3. Es Transitoria. La experiencia se constituye fugaz, temporal y limitada. 4. Es Pasiva. El individuo siente que alguien lo posee, lo domina, lo somete sin que él sea capaz de contraria dicha fuerza. Antes de criticar a los pentecostales, detente y piensa, ¿no será que en verdad conocen a Dios y yo no?

LA VÍA NEGATIVA


LA VÍA NEGATIVA

Qué es Dios, no se sabe: Él no es luz, ni espíritu, ni verdad, ni unidad, ni uno, ni otro, no es lo que llamamos divinidad: Ni sabiduría, ni intelecto, ni amor, ni voluntad, ni bondad: Ni una cosa, y tampoco una no-cosa, una esencia, un corazón: Es lo que ni yo, ni tú, ni creatura alguna, antes de devenir lo que Él es, jamás sabremos.

-Angelus Silesius.

La vía negativa reconoce que el acercamiento a Dios se da siempre desde la limitación del lenguaje, desde la limitación del intelecto, desde la negación de comprender que lo que de Dios decimos o creemos no representa mas que una posición experiencial. Con todo, echamos mano de todos estos enunciados para acercarnos a lo divino porque no hay otra forma de hacerlo; entendiendo que el concepto mas elevado que el hombre puede tener de Dios, siempre estará contenido dentro del ideal humano de una personalidad finita.

Para la viejecita que mira al cielo con esperanza, Dios puede ser su “ayudador”, para el filósofo que juega con intrincadas y complejas teorías de números y palabras, Dios puede ser la “esencia máximamente coordinada de la perfección”. Aun así, ambos, viejecita y filósofo, están al mismo nivel de conocimiento sobre lo que Dios no es, porque, ¿Cómo puede ser Dios grande si lo grande se define en comparación a otra cosa de la misma naturaleza? ¿A qué compararemos a Dios? ¿Es Dios luz? ¿Qué Luz? Siempre nos vemos experimentando ese impulso irresistible de simbolizar su naturaleza infinita a través de todo tipo de frases resumidas como: “Dios es como una montaña”, “Mi Dios es como el Océano”, “Dios es como una Gallina que cuida a sus pollos”, “Dios es mi torre fuerte” etc., que en última instancia funcionan como concesiones de nuestra propia mente a la imposibilidad de comprender lo que nosotros mismos llamamos eterno, infinito, oblicuo, omnipotente, omnisapiente, todopoderoso, etc.

La vía negativa no cuestiona al creyente, cuestiona el uso del lenguaje para describir al Indescriptible, para expresar lo Inefable; y al negar lo que se ha dicho de Dios, mantiene la verdad en su estado mas prometedor. “Sé que Dios no es eso, por lo tanto, estoy más cerca de él”.  Muchos dicen, ¿No se perderá el hombre en la oscuridad de estas abstracciones nebulosas? bueno, depende de la perspectiva. Algunos les puede ser muy satisfactorio el hablar en términos antropomórficos, “La mano de Dios me tocó”, “Los ojos de Dios me cuidan”, “Dios sopló sobre mí”; mientras que otros prefieren callar. Los ascetas místicos cristianos usaron el silencio y la contemplación como un “oscuro salto” hacía la unión con Dios, otros mas como los cínicos se interesaban mas en la interrupción del proceso mental que en las complejas explicaciones. Los monjes Zen creen que la vida espiritual no es posible a menos que seas capaz de guardar silencio. Aunque es una corriente minoritaria de la filosofía, (que no sería lo mismo que la teología negativa mística) la podemos ver en esa ironía de Sócrates de saber que sabe por medio de la aceptación de no saber nada.

Conclusión: el postulado fundamental de esta visión sobre lo espiritual es que muchas de las preguntas que nos planteamos y muchas de las dudas que nos aquejan tienen solución en el abandono de ese exhaustivo vicio de intentar saberlo todo. Callar, vendría a ser virtud; reconocer la limitación, arrojarse a la duda para entender, ver a través de la propia ignorancia, vivir entendiendo que la satisfacción no siempre viene del saber sino muchas veces del perder.

EL FIN DE UNA FE

EL FIN DE UNA FE.

Las personas utilizan la palabra “fe” de diferentes maneras, como una especie de identidad institucional; “Soy protestante”, “Soy católico”, “Soy musulmán”, “Soy Judío”; que va de la mano con una supuesta fe teológica, la convicción de que lo que creen es lo correcto; “Por cuanto soy protestante, creo esto”, “Por cuanto soy católico, creo esto”. Designan a sus creencias como una especie de identidad glorificada, se automotivan a defender sus convicciones ante los contrarios y con ello se validan emocionalmente y se felicitan por estar en el camino correcto. Esta visión de la fe está circunscrita lamentablemente a la institución, a lo que de manera genérica los creyentes llaman “iglesia”. “Mi iglesia”, “Tu iglesia”. “Mi denominación, mi culto, mi rito” etc.

Pues bien, esa “fe” es la mas irrelevante en tiempos de dificultad, y ha quedado más que claro que en medio de esta crisis, la fe que emerge, es un simple asentimiento sencillo de que, “por cuanto hay un Dios, creo que todo estará bien, pues él es bueno”.

Si esa fe dominara a los creyentes de toda religión, si ese abrazo sencillo de ideales y valores supremos que se alinean al amor y la filiación entre individuos caracterizara a los religiosos y persistiera después de esta crisis, sería el fin de las instituciones religiosas como las conocemos. ¿cual sería la necesidad de su existencia? Si la recriminación de Dios hacia sus hijos es “haber dejado el primer amor”, pues yo no he visto mas amor y sencillez que el que están demostrando algunos religiosos gracias a esta pandemia. Lo cual nos dice que los hombres con esa fe introspectiva y verdadera por lo general se forman en la realidad, en la cotidianidad, en la vicisitud, en la lucha y no en los templos.

La fe verdadera no muere, muta, se adapta, crece, y continua a pesar de las dificultades. Las instituciones religiosas con sus suntuosidades, apariencias, trajes, ornamentos, edificios y posesiones mueren.

Si a la gente le causa tristeza ver esos templos cerrados, vácios y llenos de polvo, es porque su fe es tan dependiente del símbolo, está apegada a la institución, depende del rito, no subsiste sin las lineas. Bien le haría a tu fe morir y si crees en algo trascendente, vincularla a ello a través de esa recomendación sencilla: “Amaos los unos a los otros” porque toda fe verdadera se demuestra en esto: “Ama a dios y a tu prójimo”, fin.

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